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27.3.07

T V TABÚ..... LA CARTA

T V TABÚ.....La Carta

LA TELEVISIÓN QUE TENEMOS.

Los Actores, directores, productores, guionistas y periodistas, y todos aquellos que colaboramos o trabajamos en nuestra televisión, advertimos el poder que ésta posee, como formadora de opinión, constructora de imagen, metáfora y representación de la realidad de nuestro país.

Conforma opinión no sólo con lo que muestra, sino con cómo lo muestra, y en la televisión que tenemos, ambos, el cómo y el qué, resultan particularmente estandarizados y uniformes, consiguiendo con la apariencia del consenso, huir de la pluralidad.

En circunstancias que la pluralidad, que define al ser humano en tanto que cada uno de nosotros es único e irrepetible, no necesita del consenso: “una manzana seguirá siendo manzana más allá de los acuerdos que tome con la sandía”.

Construye imagen, ya que como medio de comunicación audiovisual, representa la realidad con opinión, habiendo instalado en Chile una falsa imagen de país conservador, funcional, principalmente, a la publicidad de los grandes avisadores. Jerarquizando algunas imágenes por sobre otras, haciendo aparecer y desaparecer personas, grupos humanos, temáticas, pensamiento, modalidades de expresión, a su entera discreción, soslayando así el pluralismo y el conflicto propio de cualquier sociedad. transformando a la juventud en material de crónica roja, y a los pobres, en personajes de comedia, o haciendo desaparecer por décadas, por ejemplo a los pueblos indígenas, e ignorando documentales y películas de renombre internacional, que bajo el argumento de un consenso, políticamente correcto y de una supuesta incomprensión de un espectador – previamente domesticado por largos años a una forma de ver televisión -, no son exhibidos, programando en su lugar, performances de sangre o banalidad, en un singular show de variedades.

“Como si el analfabetismo fuera razón suficiente para eliminar la literatura”.

Variedades que simulan pluralidad, como una gran programación de avisos publicitarios, interrumpidos ocasionalmente por programas orientados a reforzar la imagen de marca de los grandes avisadores, que aparentemente gustan a todo el público sin incomodar a nadie.

Pero que en realidad son consecuencia de que nuestra televisión es presa de un mercado publicitario altamente concentrado donde 80 empresas concentran más del 75% del avisaje, lo que nos indica precisamente, que nuestra televisión exhibe programación, principalmente del gusto de los avisadores más que del de la ciudadanía.

Tenemos una televisión con personajes, temas y formatos que se repiten insistentemente en todos los canales, dando la impresión de representar la totalidad de cosmovisiones y de habitantes de nuestro país.

Una televisión de tal envergadura, que habiendo hoy en día reemplazado a la ventana que da a la calle, más parece una metáfora de sí misma que de la realidad que dice representar.

“Una televisión programada para distraer, más que para llamar la atención”.

Pero, desafortunadamente para ella, también obsoleta y provinciana, que no da cuenta de la modernidad, de la globalización, de la imaginación ni de la innovación.

Porque las nuevas formas de televisión pagada, la próxima digitalización de sus señales, la estabilización de la inversión publicitaria, la creciente alfabetización medial de los espectadores, así como los cambios mundiales en el sector de las comunicaciones, hacen urgente e inevitable, una reforma sustantiva en nuestra televisión, toda vez que hoy día, su implementación técnica, su calidad de imagen, su creciente capacidad de producción, y su exhibición mundial vía señales internacionales, no guarda la debida proporción con un lenguaje y un contenido audiovisual propio y original, que nos proporcione ventajas comparativas en el mercado internacional.


LA TELEVISIÓN QUE QUEREMOS


Queremos una televisión que contribuya al perfeccionamiento de la democracia, a la educación y formación, ética y estética de nuestros niños, hombres y mujeres, y en donde todo tenga un lugar, pero con un espectador activo, informado y con discernimiento. Objetivo que sólo se cumple con voluntad política y educación mediática, vale decir, con reiteración programada de la diversidad de temas, lenguajes y formatos, en la programación, y en donde las variedades no consigan reemplazar ala pluralidad.

Una televisión donde las líneas editoriales, que entendemos inherentes al medio, toda vez que cada imagen es un punto de vista, sean públicas, fiscalizables y con efecto contractual recíproco, que cuando éstas no se cumplan, exista una instancia legal donde las partes puedan acudir.

Una televisión con cuentas claras y transparentes, donde exista igualdad de oportunidades al momento de competir por el avisaje publicitario.

Una televisión abierta a la innovación programática, donde se incluya el concepto de lo “culturalmente rentable”, con una visión económica, social y cultural, en mediano y largo plazo.

Una televisión moderna, que no se parapete tras una política de conveniencia, miope y provinciana, abriéndose al mundo y ala sociedad civil.

Queremos que el Estado regule nuestra televisión sólo en sus aspectos técnicos y económicos, a efectos de evitar la concentración de la propiedad en los medios de comunicación, asegurando así el pluralismo informativo, peor que no censure su programación, dejando esta función fiscalizadora a la sociedad civil.

Queremos un Consejo Nacional de Televisión fuerte y plural, no consensual sino plural, cuya composición incluya profesionales y artistas de la comunicación, y por sobre todo, con carácter de organismo de fomento.

Con fondos concursables importantes para la producción independiente, que pueda nutrir a costos razonables, nuestra televisión, con la diversidad que ésta tanto necesita.

Queremos que la televisión comunitaria florezca a lo largo de nuestro país, dando cabida alas manifestaciones y alas culturas locales en el sistema de televisión, constituyendo una red alternativa de producción, que manifieste a la sociedad toda.

Una televisión que incluya en lugar de excluir, incorporando los deseos y la emociones profundas de nuestra gente.
Emociones, y no el simulacro publicitario de ellas mediante la manipulación de las sensaciones, que por sí solas son estériles, como un efecto sin causa. Pues por mucho que éstas estremezcan por un instante, no conducen a la reflexión, ni a la movilización del pensamiento, sino más bien a que éste último no fecunde y finalmente se detenga.

Una televisión que dé cuenta del mercado, interpretando la multiplicidad de intereses del público, como es el caso de la música popular, donde tanto se comercializa un Luis Miguel, como Los Tres, Sol y Lluvia o Illapu.

Queremos una televisión pública y privada, que reconozca a su público como mucho mas que simples consumidores, como personas con intereses, motivaciones, sueños y aspiraciones, En suma una televisión que nos reconozca como ciudadanos.
También queremos una televisión que siendo un bien de todos, ya que la concesión de las señales de televisión las otorga el estado de Chile, - dentro de sus particulares características – cumpla un rol nacional, como las playas o las 200 millas marítimas.

Pero por sobre todo, queremos un medio de comunicación sobre el cual se abra debate. Un de bate nacional acerca de nuestra televisión y acerca de las consecuencias políticas, sociales y culturales que con el tiempo puede detonar la industria cultural que estamos instalando.


NUESTRAS PROPUESTAS CONCRETAS

Proponemos cambiar los actuales enfoques de nuestra programación. Postulamos una programación concebida como un metadiscurso que otorga sentido a una multiplicidad de imágenes, formatos, géneros, soportes, discurso y lenguaje audiovisuales.

Proponemos reformar el Consejo Nacional de Televisión. Postulamos un Consejo Nacional de Televisión fuerte y pluralista, integrado por profesionales y artistas de la comunicación, que se oriente preferentemente a fomentar la televisión y la industria audiovisual chilena.

Proponemos aumentar en un 500% el actual Fondo de Programas Culturales. Como instrumento que permita la alianza estratégica entre las empresas de televisión y la producción audiovisual independiente. Con ello lograremos nutrir nuestra televisión con la diversidad creativa indispensable y a costos razonables.

Proponemos revisar el sistema de concesiones a los canales de televisión abierta. En el marco de la re asignación técnica del espacio radioeléctrico postulamos exigir a los concesionarios una programación pluralista, libre y abierta a la producción audiovisual local.

Proponemos eliminar todas las normas que censuran los programas en la Ley de Televisión y sus respectivos reglamentos. Postulamos deja en mano del criterio de los padres y de las familias, los programas a ser vistos por los niños, exigiendo el “CHIP V” n los aparatos de televisión, permitiendo así el “control parental” y evitando que sea el Estado el que defina el qué pueden o no ver los chilenos.

Proponemos abrir un debate público y ciudadano obre la televisión que Chile requiere y desea. Un debate acerca de nuestra televisión y sobre las consecuencias políticas, sociales y culturales que en el tiempo puede tener la más importante industria cultural contemporánea.

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